Sobre la aplicación que le damos a nuestras lecturas
La semana pasada platiqué con un amigo. Para salvaguardar su identidad, en este blog le llamaremos "Alberto". Él tiene una visión de la vida muy clara, es determinante con sus decisiones y directo. No es un lector habitual, pero gracias a su trabajo como comerciante ha tenido la oportunidad de conocer a un gran número de personas: desde millonarios que compran por capricho y empresarios que abastecen sus negocios cada mes, hasta quienes solo buscan un artículo para regalar.
En dicha plática, Alberto, quien conoce mi gusto por la lectura, me preguntó qué libros estaban en mi lista. Mientras le daba mi resumen, me interrumpió en seco:
—¿Y todo lo que lees, lo aplicas?
En ese momento respondí con un simple:
—Intento hacerlo.
Y continuamos con nuestra conversación.
No obstante, ese comentario resonó en mí hasta entrada la noche. Ese cuestionamiento es bastante profundo. Para empezar, se da por sentado que cuando alguien lee siempre hay un conocimiento o técnica aplicable a la vida. Incluso, pareciera que se desmerita a alguien si no pone en práctica lo que ha leído.
Fue entonces cuando reflexioné: ¿por qué leemos en primer lugar?
Algunas personas prefieren lecturas con una aplicación directa en un campo específico. Es aquí donde encontramos los libros de autoayuda, filosofía práctica e incluso los libros de texto. El valor de estos escritos radica en su información y sus aplicaciones. Responden a la necesidad de solucionar un problema y enseñarle al lector cómo hacerlo: ¿Cómo construir o armar este aparato/sistema? ¿Cómo mejorar tu vida? ¿Cómo es el procedimiento? Me da la impresión de que Alberto se refería a este tipo de textos cuando me hizo su pregunta.
Por otro lado, también están las lecturas cuyo propósito no es ser aplicadas, aunque podamos aprender de ellas. En este grupo entran algunas novelas, biografías e historias en las que podemos identificar aspectos de la vida que se parecen a lo escrito. Siddhartha, de Hermann Hesse, retrata una vida completamente diferente a la mía, y la intención del autor no es ser una brújula moral. No obstante, gracias a ese libro pude aprender, reflexionar y cuestionar mucho sobre mí mismo y sobre las ideas que tenía previamente acerca de la vida y el placer.
Finalmente, hay personas que simplemente leen por placer, igual que alguien que decide pintar o escuchar música. Existen poesías y prosas cuyo valor radica en la belleza que transmiten. Podríamos debatir si dicha belleza es objetiva o no, pero lo que está claro es que lo bello es deseable, y hay lecturas que son deseables. Ya sea porque nos entretienen, nos recuerdan a alguien o hacen nuestro día más llevadero.
No creo que toda lectura tenga una "aplicación", ni tampoco que su valor dependa de ello. Lo más importante es encontrar aquellas que nos hacen disfrutar. Para algunas personas, disfrutar será poder aplicar ese conocimiento; para otras, conocer una historia interesante. Sea como fuere, le agradezco a mi amigo por su pregunta, y ojalá algún día se anime a conocer más historias.