¿Por qué (no) siempre debemos salir de la zona de confort?
"Debemos salir de la zona de confort."
Hay quien lo repite como un mantra ante toda situación. Es parte de miles de videos en redes sociales, libros de autoayuda y discursos de fin de año. Esta idea se ha incrustado tanto en nuestra mente que pocas veces nos detenemos a pensar: ¿a qué se refieren exactamente con la "zona de confort"? ¿Hasta qué punto podemos salir de ella? ¿Es verdad que siempre es necesario hacerlo para crecer?
No hay una definición de diccionario para "zona de confort" (a partir de ahora ZDC porque me da flojera escribirlo cada vez), aunque en términos generales, se entiende como un estado, rutina o conjunto de actitudes que seguimos cotidianamente sin que nos impulsen a cambiar. Es quedarnos en la misma situación, dormirnos en nuestros laureles, ser el camarón que se lleva la corriente. A pesar de lo que nos quieren hacer creer los medios, sostengo que no siempre es malo estar en la ZDC. Sin embargo, para identificar qué tan beneficioso o dañino es permanecer en ella, primero hay que entender por qué no nos movemos.
Si una persona tiene una rutina autodestructiva, evidentemente debería hacer un cambio si quiere mejorar su vida. Su ZDC la está llevando a su propia destrucción. También es cierto que, en muchos casos, quedarnos en la ZDC limita nuestro crecimiento. El cambio es bueno ocasionalmente, y enfrentando desafíos es cuando más crecemos. En ese sentido, la idea de salir de la ZDC tiene lógica e incluso puedo apoyarla en ciertas situaciones.
A pesar de ello, ¿qué pasa con aquellas personas que tienen una vida cómoda y sana, en la que su ZDC está llena de acciones que las hacen sentir plenas? Sería hasta extraño decirles que salgan de ella. ¿Qué motivaciones tendrían para hacerlo? Se podría argumentar que estar en su ZDC las está privando de nuevas experiencias, pero ¿y si su ZDC consiste precisamente en probar cosas nuevas?
La idea que propongo es que, más que salir de la ZDC, la ampliemos. Es una enseñanza del estoicismo que pocas veces se menciona. El ejemplo más extremo que se me viene a la mente es Diógenes: alguien que estaba tan acostumbrado a la incomodidad, que nada le incomodaba. Vivía en la calle, era irreverente, desafiaba constantemente el orden público, no le importaba vestirse bien (o vestirse en general), comía solo lo necesario y se deshizo de toda posesión que no fuera indispensable. ¿Diógenes tenía una ZDC de área infinita o simplemente no tenía? Cualquiera que sea la respuesta, era una persona que no podía salirse de esa zona.
No estoy diciendo que debamos aspirar a ese grado de cinismo, pero sí podemos adaptar parte de esa mentalidad a nuestra vida. Si te incomoda escuchar opiniones contrarias a las tuyas, te pesa hablar con la gente, quieres emprender un negocio o deseas probar comida nueva, no salgas de tu ZDC, expándela. Entrena tu mente de tal forma que nada la perturbe.
Si te cuesta trabajo hacer ejercicio, al principio será incómodo. En ese momento estarás saliendo de tu ZDC, pero con el tiempo, la expandirás al punto en que ya no será una molestia. Se convertirá en algo tan tuyo que entrará en tu ZDC: una rutina que ya no quieres cambiar.
Acostúmbrate tanto a la incomodidad que nada te incomode. Haz de tu rutina lo que quieres para tu vida.